LA FÁBRICA

 


Últimamente llueve gente bonita.

Caen de los acantilados, se arrojan desde una azotea, los menos utilizan algunos puentes de mala muerte. En la gente bonita está de moda abandonar la existencia. Las teorías son varias, desde la presión social por mantenerse de ese modo, o la presión por alcanzar determinado rango de belleza. La más disparatada afirma que en los salones de belleza la gente es implantada con un chip que nos controla como robots, simples maniquíes de carne y hueso listos para obedecer órdenes.

Las autoridades afirman que los rumores sobre el salón de belleza son infundados, las denuncias no llegan a nada y sus dueñas siempre terminan consiguiendo una mayor y más fiel clientela. Lo cierto es que quienes ingresan en la Fábrica de Belleza no vuelven a ser los mismos. Afirman allegados a las víctimas que quienes ingresan a esos lugares culminan su jornada siendo miembro de una secta. La secta de los Hermosos. Claro que quienes sospechan de dichos establecimientos no tienen evidencias concretas, y claramente no saben que dentro del salón de belleza hay otro salón de belleza, al que se accede mediante una frase clave.

Lo disparatado se vuelve real justamente por eso.

Esto último me llevó a conocer al bueno de Ellis, como todo buen periodista di con él por obra y gracia del destino y algunos vicios en común (desconfío de la gente que no toma café), una buena historia en un lugar de mala muerte, ¿pueden creerlo? Ellis es un joven alto y todo encorvado que afirma en sus momentos de borrachera por los bares de la ciudad que ha sido implantado con un chip de control en un salón de belleza.

-Te seducen con técnicas de ASMR, te acarician, dicen que te van a cuidar, te dan la frase para que entres al verdadero salón, y cuando menos uno lo espera  ya estamos trabajando para el gobierno, alistándonos en el ejército o siendo servicios de inteligencia.

Ellis sonaba paranoico. No lo culpo. Cuando uno consigue las bondades de Lolitas que te acarician y susurran al oído que todo estará bien es fácil perderse en la paranoia de perderlas. Introduce el dedo índice en su nariz, escarba, afirma que solo así puede quitarse el chip que lo controla todo en su vida.

-Si tomo alcohol me dan una descarga eléctrica, si no hago abdominales descarga, si como comida chatarra descarga. No es vida esto, no puedo elegir. Yo solo quería ser lindo.

Me dice la frase clave mientras tiembla.

Todos anhelamos la belleza, es una buena forma de manipulación de las masas, prometerla. Y seamos honestos, entendemos a la belleza como algo estético, por algo a Scarlett Johansson la visten con ropas ajustadas y no a Melissa McCarthy. Esto mismo lleva a los directores a exigirle a Brad Pitt que realice sus escenas con el torso desnudo, pero no hacen lo mismo con Jonah Hill. O aceptamos esta realidad o viviremos en una mentira. La realidad virtual es inevitable. No hablamos de talento, ni de bondad o solidaridad, hablamos pura y exclusivamente de belleza, la belleza cruel. Culos firmes y abdómenes planos-

-¿Cómo estás hoy? – una joven con guardapolvo corto me enseña las piernas y obsequia un pronunciado escote que mis retinas no dudan en memorizar.

-No necesitan saber lo que hay en mi corazón – digo.

La Lolita camina hasta la vidriera, cierra las cortinas y traba la puerta con el pasador.

-Sígame – ordena.

Caminamos hasta un depósito trasero donde guardan cremas y toallitas húmedas, me pareció ver algunos maniquíes demasiado reales, como si se trataran de seres humanos invernando, desconectados del mundo aguardando instrucciones; solo falta que hablen, bromeo sin obtener respuestas. En el suelo, en la parte más oscura y húmeda, se abre crujiendo una puerta de madera que nos lleva a un sótano.

Un hombre con gafas de aviador de los años treinta se presenta como el Doctor Wihup, me ofrece un café e invita sentarme en una silla similar a la de los consultorios de los dentistas.

-La belleza – dice el hombre – requiere sacrificios, rutina, buena alimentación, buen sueño. Para eso hace falta disciplina, y no todos la tienen, todos quieren ser hermosos pero no están dispuestos a hacer algo por ello, por eso creamos el Plan Bugin. Con este pequeño chip implantado en su cerebro solo podrá obedecer nuestras órdenes, de esta forma podrá ser fiel a una rutina física, seguirá al pie de la letra los consejos de nuestra nutricionista, usará sin dudar nuestras cremas purificadoras, controlaremos su sueño y sueños, nada de cosas irreales.

Levanta una jeringa y sonríe. Entonces digo que estoy arrepentido, que no anhelo la belleza con tanto ímpetu, que prefiero resaltar mis defectos e imperfecciones, “siempre hay un rato para un descocido” argumento y pido irme sin hacer escándalo.

-Vaya, pero sepa que estaremos controlándolo, ahora sabe demasiado y no podemos poner en riesgo el Plan, estaremos vigilándolo de cerca, los Hermosos somos más de los que puede imaginarse.

Cuando salgo a la calle volteo, una última y tímida mirada al escote de la Lolita, quien me observa fijo, lleva sus dedos a sus ojos, luego sus dedos me señalan.

Es extraño lo que las personas son capaces de hacer por obtener un poco de belleza.

Con el correr de los días me entero que el bueno de Ellis se abrió las muñecas en la bañadera de un precario hotel. Al menos en eso se diferenció del resto. Un último mensaje de rebeldía. Una sutil forma de diferenciarse de la manada pre fabricada.

Pero no puedo evitar pensar en las personas que aceptan el implante de chip por voluntad propia. ¿Quieren la belleza o tan solo buscan formar parte de algo que los acompañe? ¿Cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar para no sentirnos solos? ¿Con qué excusa ofrendamos nuestras almas?¿Estamos dispuestos a dejar de lado nuestra libertad solo por pertenecer a algo?

Aunque sería erróneo permitirle a mi ego que me haga sentir superior a ellos, porque tal vez la soledad de los Hermosos no sea muy distinta a la mía.



Grady Madson para la revista "Área Protegida", Octubre 29, 2024.

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